Como parte del Acuerdo de Paz de 2016 en Colombia, las 37 toneladas de armas entregadas por excombatientes fueron fundidas y transformadas en el piso de Fragmentos, un contra-monumento en cuya creación participaron mujeres sobrevivientes de violencia sexual, quienes martillaron el metal, transformando simbólicamente la relación de poder que las armas impusieron sobre ellas.
Hoy, Fragmentos es un espacio vivo de arte y memoria, donde exposiciones, programas académicos y conmemoraciones, concebidos como actos de transformación, memoria y reparación simbólica, permiten reelaborar las memorias del conflicto y promover, desde el arte y la reflexión crítica, la construcción colectiva de una cultura de paz y de un futuro más plural e incluyente.